Muchas gracias por vuestras visitas y comentarios. Es genial haber encontrado una vía de interacción y comunicación abierta tan tremendamente positiva. Al principio, como la inmensa mayoría, no tenía claro el porqué iba yo a abrir un blog; no es que hoy en día tenga todas las respuestas, pero está claro que una de ellas es la necesidad que todos tenemos de comunicarnos, de expresarnos y de encontrar puntos de vistas afines, así como también descubrir otros puntos de vista que nos permitan expander los nuestros.
Deseaba compartir con vosotros que me encuentro en estos momentos atravesando una muy dura y difícil etapa. Soy como la imagen de mi blog: una pícara hiperactiva, divertida y elocuente, que está en constante actividad y movimiento la mayor parte del tiempo y que gusta de encontrar lo positivo en todo, que adora el cambio y detesta la rutina y la monotonía, y que por lo tanto, puede paracer la persona más divertida y feliz del mundo, incluso si el mundo se le está viniendo abajo. Una persona a la que difícilmente se le nota que está mal, vamos. Siempre he sido una persona de carácter fuerte, decidida; intento, aún en este trance continuar siéndolo, pese a que me está resultando tremendamente difícil. Me está tocando ahora enfrentarme a las consecuencias de mi conducta despreocupada, arriesgada e irresponsable, lo que no es nada fácil para nadie, ni para mi. Estoy enfermita, y no había querido admitirlo hasta ahora, que me veo verdaderamente acorralada. No había querido admitirlo porque no es fácil. No sólo no es fácil admitir que me he destruído yo solita, a conciencia de que lo que hacía podría desembocar en ésto; tampoco resulta fácil admitir que ya tengo un problema, que no es pasajero y me temo que las consecuencias alcanzadas en éste punto son irreversibles. Pero puedo detener el progreso de la enfermedad, y mejorarme mucho. Sólo depende de mi. Tengo una bronquitis crónica bastante grave, en una etapa avanzada y una insuficiencia respiratoria que ni me deja dormir bien, ni me deja realizar la mayoría de mis actividades diarias normales; el más mínimo esfuerzo me cansa y me agota. Yo diría que estoy al borde mismo del enfisema, pero mi ya desplegado melodramatismo y exageracionismo hará que más de uno piense que estoy, justo, exagerando. Pero no es así esta vez, lamentablemente. ¡Más quisiera yo!
Tengo lo que tengo porque soy fumadora. Fumo desde hace 21 años. Tengo 35. Llevo más de la mitad de mi vida fumando. No me imagino la vida sin un cigarrillo; jamás, pero nunca jamás en toda mi vida he estado más de 24 horas sin fumar, y jamás ha sido por decisión propia; siempre ha sido porque no he podido fumar, no porque no haya querido hacerlo. Y podría contar las veces con los dedos de una mano... Como cuando parí a mi primer hijo; porque con el segundo a los 30 minutos de haberme subido a la habitación, yo me estaba escapando a las escaleras de emergencia a fumar. O como cuando me operaron por un cáncer de cuello, y ni por esas tuve miedo ni me planteé dejarlo. He fumado estando embarazada, dando de mamar, y hasta estando muy enferma; nada me ha detenido nunca. No es que no me haya planteado miles de veces dejarlo; es que jamás me he sentido con fuerzas para hacerlo. Siempre he creído que me gusta fumar y que disfruto de ello. Siempre creí que algo así no me sucedería a mi (porque claro, como yo tengo superpoderes, ya sabéis...). La verdad es que aún ahora, estando como estoy, me aterra la idea de vivir el resto de mi vida sin fumar nunca más, ni uno sólo. Me dá pánico pensar que podría llegar a convertirme en un zoombie de esos que vale, logran dejarlo; pero pasan el resto de sus vidas condenados a sufrir deseando algo que no pueden tener. Yo no quiero eso para mi.
Yo quiero dejarlo y preguntarme luego cómo pude vivir tantos años fumando. Yo quiero sentir la libertad de no sentir miedo a las 9 de la noche cuando descubro que me quedan 3 cigarrillos, y pensar que eso no me va a alcanzar. Yo quiero sentirme bien y estar sana. Tiene que haber alguna manera de dejarlo sin sufrir; me aterra el hecho de ver que se hable tanto de sacrificio, de sufrimiento. Observo que el hecho de dejarlo está indefectiblemente unido a sentimientos de pena, martirio, desazón, recaídas, sentimientos de culpa. Un horror. Pero llevo una buena temporada buscando herramientas, recursos, estímulos en este sentido. La que más recientemente he descubierto y en la que estoy ahondando, es un sistema de entrenamiento de las redes neurales (network training), que busca entre otras cosas la desensibilización a ciertos estímulos aversivos mediante la aplicación de determinados protocolos; una especie de terapia psicológica. Y mientras tanto, he comprado -por si acaso- los famosos parches de nicotina. Porque tengo que dejarlo, porque quiero dejarlo, porque no me quiero seguir ahogando, porque así como es cierto que me dá miedo dejarlo por no sentirme capaz, también es cierto que más miedo me dá el pensar que me puedo poner peor, o morirme ahogada en mis propias mierdas una noche cualquiera de estas, o que me dé un cáncer -si es que ya no lo tengo-, porque ya lo tuve...
En principio, no pretendía yo aburrirles con tanta palabrería; sólo intentaba justificar que estaré un pelín ausente, quizás, ya que tengo la necesidad de concentrar mi tiempo, mis energías y fuerzas en recuperarme, y que estoy totalmente volcada investigando todo cuanto puedo en pro de lograr mi objetivo. Hay muchos que pregonan que lo único que hay que hacer es querer dejarlo, y hacerlo de una vez, sin dilaciones, de golpe y porrazo. Pero yo no creo que sea tan sencillo, al menos para mi no lo es, desde luego; el simple hecho de pensar en dejarlo, me hace sentir una ansiedad terrible y fumo más. Y resulta que estoy en un punto en el que contradictoriamente me tendría que resultar de lo más fácil, puesto que ya en estos momentos para mi fumar no es ningún placer, sino una tortura. Me duele fumar, me ahogo increíblemente, pero fumo. Apenas me encuentro pelín mejor, ¡zas!, me encuentro fumando como si nada. Y quizás escribir sobre lo que me está ocurriendo me sirve como desahogo, y como vía de reflexión personal; quien sabe, lo mismo hasta como estímulo, al comprometerme (conmigo misma) de alguna manera, al reconocer -públicamente- lo que me sucede. A no permitirme una vez más, que al encontrarme recuperada -siendo que será algo provisional, ya que he repetido las últimas crisis de insuficiencia respiratoria con márgenes muy estrechos de tiempo-, volver a caer. Es un círculo vicioso que me puede llevar a estadios mucho peores a los que evidentemente no deseo llegar.
No sé cómo lo haré. No sé si lo lograré a la primera, a la segunda o a la tercera. Pero sé que tengo que hacerlo y estoy convencida de que es lo que quiero hacer. Para mí ya no es una cuestión de elección, una opción; he llegado al punto del ultimátum. O sí o sí. Y lo voy a lograr, me cueste lo que me cueste. Sólo que soy una cobarde y quiero que me cueste lo menos posible. Así que disculpadme si no os visito o si no actualizo con mayor frecuencia, ya que estaré bastante sumergida en mi lucha personal. O no; lo mismo precisamente al necesitar desconectar, volcándome en cosas que me distraigan, me hagan necesitar aún más el contacto con todos vosotros para no sentirme tan sola y asustada. No lo sé. Pero por si las moscas, yo aviso que estoy en crisis, por si me véis desvariar o hacer cosas raras, jajajajajaja.
Un beso para todos.















